Mostrando entradas con la etiqueta Sostenibilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sostenibilidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de enero de 2016

Los economistas también pueden ser Saludhables.

Llevo trabajando en el Sector Sanitario  desde antes incluso de terminar mi formación universitaria. Y tengo que reconocer que siempre he sentido respeto por los profesionales sanitarios. Ese respeto resultante de verles trabajar día a día con tal dedicación, ciencia y esfuerzo  que consiguen que el sistema avance y mejore.

Aunque tengo muy claro que en este sector debemos trabajar en equipo y todos somos fundamentales,  ese respeto quizá ha provocado asumir la percepción de que todos los demás ocupamos un papel de actor secundario en la película, papel que, aunque no impacta de manera tan directa en los resultados de salud, es importante para que la obra tenga éxito.

Esta semana he podido leer un artículo en El País que ha cambiado esa percepción: ¿Por qué los economistas se ocupan primero de la Salud?. En el mismo se informa de una iniciativa liderada por la Fundación Rockefeller y suscrita por un grupo de economistas de casi 50 países. Los mismos  han firmado una Declaración  en la que se insta a los líderes políticos a priorizar las inversiones necesarias para conseguir la cobertura universal, apostando por que esta sea una de las metas para orientar los esfuerzos globales para erradicar la pobreza, promover la prosperidad y garantizar un planeta saludable en el futuro.

En una época en la que es difícil separar el binomio economía y salud de los términos "déficit público" y "recorte"  resulta grato leer que hay vida más allá de la contención del gasto y del ajuste fiscal. Está claro que la salud es un factor de incremento de la competitividad y de la sostenibilidad económica, al mejorar las condiciones de vida y trabajo de las personas y al ser un sector generador de actividad productiva y empleo.

En un mundo en el que cada vez tenemos en la agenda más cumbres para el desarrollo con el objetivo de emprender nuevas vías hacía un futuro que garantice la mejora de las condiciones de vida de las personas y el desarrollo sostenible del planeta no estaría de más colocar a la salud en el nivel que realmente le corresponde (entre las principales prioridades de las personas). Y para ello deben luchar todos los profesionales de prestigio (tanto sanitarios, como no sanitarios).

Os dejo el artículo original, el enlace a la Declaración y el video promocional de #HEALTHFORALL










lunes, 21 de septiembre de 2015

Creatividad y Salud para el desarrollo: hoy toca quitarse el sombrero

Uno de mis primeros posts en Gestión Saludhable hablaba sobre la necesidad de ser creativos a la hora de desarrollar soluciones que puedan ayudar al desarrollo en el tercer mundo en la gestión de la salud, creatividad que, en muchas ocasiones, era más importante que el puro y duro desembolso económico. Podéis recuperar el post aquí.

Estas últimas semanas he podido leer con alegría que un joven ingeniero español, Alejandro Escario, ha recibido un premio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) al mejor proyecto médico por el diseño de una incubadora de bajo coste pensada para países en vías de desarrollo.

Esta incubadora tiene un precio de unos trescientos euros. Está hecha principalmente de madera, material abundante y barato en los países en vías de desarrollo,  y tiene control electrónico de la humedad y la temperatura interior. El invento está siendo probado en estos momentos en Benin.

Desde luego la iniciativa me ha parecido impresionante y, desde aquí solo me cabe felicitar a Alejandro por esta genialidad que puede suponer un avance importantísimo en el tratamiento de los prematuros en países en vías de desarrollo.


Otro proyecto más que interesante es el que ha desarrollado  la Fundación  EHAS (Enlace Hispano Americano de Salud)  en varias comunidades aisladas en Guatemala con el propósito de mejorar la salud materno-perinatal equipando al personal sanitario itinerante de esas zonas aisladas de ecógrafos portátiles alimentados con paneles solares plegables y un sistema de análisis basado en muestras de sangre recogidas en papel de filtro (Proyecto Embarazo Saludable). 

Mediante el mismo se está consiguiendo llevar un control de gestantes similar al que se llevaría en un centro de salud urbano, en un territorio en el que la mortalidad materna es tres veces superior en las mujeres indígenas que en la población no indígena.

El personal sanitario lleva una mochila Kit compuesta de un portatil, una sonda ecografía USB, dos baterías, un panel fotovoltaico plegable y un sistema de análisis de sangre seca. El siguiente video muestra la operativa:


Dos iniciativas para el desarrollo de salud en países de desarrollo baratas, ingeniosas y efectivas. Dos iniciativas ante las que me quito el sombrero

domingo, 26 de julio de 2015

Hoy toca salud y dinero (otro día hablamos de amor)


Cada cierto tiempo (cuatro años aproximadamente) suele terminar en los medios de comunicación un  debate sobre la financiación de la sanidad. Los nuevos responsables públicos acceden a toda la información y supongo que es un buen momento para hacer balance sobre el déficit sanitario y para revisar la procedencia o improcedencía de los acuerdos del Consejo de Política Fiscal y Financiera sobre el sistema de  financiación de las Comunidades Autónomas.

La financiación de la sanidad no tiene una partida presupuestaria estatal sino que, del total de los impuestos recaudados, se gestiona  la distribución a las Comunidades Autónomas para que estas, que soportan el gasto sanitario, cubran las necesidades de los ciudadanos.

Pero son los gestores autonómicos los que deciden sobre el gasto de su sistema sanitario. En cada Comunidad Autónoma se decide cuanto gastar y cómo se gasta. Son los Presupuestos anuales de esa comunidad los que fijan las partidas para cada uno de los servicios que se consideren precisos abordar según las prioridades políticas que decidan para cada ejercicio. 

Parece evidente que no existe la oportuna correlación entre los ingresos que se obtienen vía Gobierno Central y las necesidades que se consideran imprescindible por parte de los gobiernos autonómicos. Y entonces es cuando surgen los debates sobre los hechos diferenciales, que si unos son más viejos u otros están más dispersos o terceros que tienen más población rural que urbana, etc, pidiendo que, en cada caso, se establezca el oportuno factor de corrección.

Pero es difícil que los mismos mecanismos beneficien a todas las Comunidades por igual, por lo que ya está montado el lío. Se originan tensiones en las transferencias, se da lugar a diferencias que ponen en peligro la equidad del sistema y se originan desigualdades. Aunque tampoco debemos olvidar que también se han generado desigualdades territoriales en función de decisiones adoptadas sobre el gasto.

Un problema complejo que cada cuatro años aproximadamente podremos comprobar que no hemos sido capaces de solucionar (por lo menos en lo que se refiere a la contención del déficit sanitario).

Unos dicen que una solución puede ser mayor rigidez en la cartera de servicios, otros dicen que el establecimiento de partidas finalistas en sanidad por parte del Gobierno Central ayudaría. Yo no me atrevo a dar soluciones aunque creo que la responsabilidad en el gasto y la posibilidad de que se tenga en cuenta la eficiencia en el reparto, son factores de éxito en los que todos podemos ir trabajando.

Para profundizar sobre la financiación del gasto sanitario en España me ha parecido muy interesante este Informe de la fundación BBVA dirigido por Juan Manuel Cabasés Hita.


lunes, 22 de junio de 2015

¿Preocupados por un mundo saludhable?

Leí esta semana este artículo en Infosalus.com sobre las ayudas al desarrollo en salud. Y tengo que admitir que me hizo reflexionar.

Habitualmente solemos preocuparnos de lo micro o lo cercano a la hora de analizar o debatir sobre el impacto de la recesión económica en la financiación de la Salud. Pero si a nosotros la crisis nos ha afectado de manera evidente, no pude evitar preguntarme como habrá  impactado en la financiación sanitaria de los países más desfavorecidos.

Pues bien, he aprovechado para leer el informe anual sobre Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en salud, que examina los datos aportados por  la OCDE y desgraciadamente, como ya me esperaba, estamos muy lejos de cumplir en la Unión Europea con el objetivo de destinar el 0,7% de la Renta Nacional Bruta a la Ayuda al Desarrollo. 

En el resumen ejecutivo del documento ya me encuentro que hay 200.000 millones de dólares de déficit entre el volumen de ayuda de los distintos Estados que conforman el Comité de Ayuda al Desarrollo y ese objetivo del 0,7%, siendo solo Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia los que alcanzaron ese porcentaje en 2.012.

En el resto de países se viene reduciendo la ayuda desde el 2.009, dejando un porcentaje global en 2.012 en el 0,35%.

Según este informe entre 2.010 y 2.011 España recortó la ayuda oficial al desarrollo en salud un 45%, aunque sobresalen tristemente Italia, Austria, Grecia y Portugal con reducciones que, en algún caso, llegan al 60%.

Es obvio que los países con mejores economías pueden hacer mayores aportaciones a la AOD, pero el informe destaca la correlación negativa entre las distintas capacidades económicas y su esfuerzo financiero en AOD.  

Es evidente que mejorar el acceso a la salud produce una mejora en la salud pública y ayuda en la erradicación de la pobreza. Pese al desarrollo experimentado en este ámbito en los primeros años del milenio siguen existiendo unas diferencias entre paises desarrollados y paises en desarrollo que deberían sonrojarnos. 

Van a cumplirse 15 años del informe  de la Comisión de Macroeconomía y Salud de la OMS en el que se señalaba que, si todos contribuíamos con un 0,1% de la Renta Nacional Bruta a la Salud global, sería posible proporcionar salud a casi todos los países de renta baja.  Parece ser que todo se ha quedado en una declaración de buenas intenciones.

Si estaís interesados en la información completa  podéis tener acceso al documento  aquí.

lunes, 1 de junio de 2015

Economía Colaborativa y Salud

Kevin Kelly, fundador y editor de la revista Wired, es uno de los iconos en analizar el impacto de la tecnología en nuestras vidas. Dentro de los conceptos que, para él, dominarán el modo de acceder a la información en el futuro está el compartir, citando textualmente que:

"Es evidente que vivimos en un mundo donde muchas de las innovaciones llegan del aspecto social, colectivo, de las cosas.... No sabemos hasta dónde puede llegar esta lógica en las próximas dos décadas, pero ya está probado que todo lo que se puede compartir enriquece su valor, desde los amigos a las inversiones. La tendencia es evidente: el acceso vence a la posesión. El acceso es mejor que la propiedad".

La crisis económica que hemos atravesado nos ha obligado a llevar esta reflexión al terreno de los bienes materiales. Están apareciendo nuevas fórmulas de satisfacer nuestras necesidades que modifican el concepto de propiedad por el de posesión, uso o disfrute de los bienes.

Economía de la Colaboración, Consumo Colaborativo o Economía del Acceso son términos utilizados para describir esta tendencia donde el acceso prima frente a la propiedad..... ¿para qué comprar un taladro que solo usaré unos 15 minutos en toda su vida útil?.

Esto en si mismo no se trata de una idea nueva. Siempre hemos tenido acceso al compartir, intercambiar, prestar o alquilar cualquier bien, pero si que es cierto que la tecnología actual nos permite poder hacerlo a gran escala. La eficiencia de internet y la capacidad de generar confianza entre extraños ha creado la posibilidad de que  ahora lo podamos realizar, además de sin intermediarios, sin la necesidad de que conozcamos a la persona con quién vayamos a hacerlo.

El consumo colaborativo empezó a materializarse con eBay o Grownies, pero últimamente está sufriendo una explosión  (no exenta de polémica en algunos casos) con  la llegada de Uber, Airbnb, Bicing, etc....

  • ¿Está tendencia podría hacerse un hueco en el sector sanitario?. 
  • ¿Podría la economía colaborativa, aunque fuese modestamente, ayudar a racionalizar el gasto sanitario público?.
  • ¿Hay tecnología en nuestros centros  infrautilizada que podrían ser susceptibles de ser compartidos entre recursos o niveles asistenciales?.


De una manera muy tenue, está naciendo alguna plataforma como Cohealo, en Estados Unidos, especifica para el sector sanitario. Empezó con tres hospitales en  2.012 y a finales del 2.014 contaba con más de 50 centros adheridos. Su ecosistema tiene ya más de 200.000 dispositivos de  ámbito quirúrgico (fundamentalmente equipos y material de laparoscopia) que pueden funcionar en régimen de consumo colaborativo entre sus centros.

En Europa, el hospital Rinjstate, hospital de 850 camas y unos 3.000 empleados,  ha firmado un acuerdo con la plataforma Floow2 para poner en marcha un proyecto que les permita compartir su capacidad ociosa con otras organizaciones sanitarias, con el objetivo de aprovechar sinergias y reducir costes.

Para finalizar, ya que hoy he hablado de compartir, comparto en este enlace el Dossier nº 12 de economistas sin fronteras. Un monográfico sobre economía colaborativa  que me ha resultado de gran interés.




domingo, 26 de abril de 2015

Hoy nos vamos de Compras

Una  de las actividades con  mayor interacción económica dentro de un centro sanitario es el suministro o aprovisionamiento o como finalmente se llame cuando se pongan de acuerdo los gurús de la logística y del management.

En el caso de la administración pública, se estima que la contratación pública supone  un 16 % del PIB de toda la Unión Europea. Esto puede dar una idea del volumen de euros que mueve y de la generación de empleo y riqueza que pueden llegar a crear. Partiendo de la base que los presupuestos sanitarios suelen moverse entre el 30 y el 35% de los presupuestos de una administración, el peso y el impacto económico de las decisiones que se toman cada día en el ámbito de las compras en nuestros hospitales es indudablemente de una importancia elevada.

Si, ya se que esto es una obviedad. De hecho todos los servicios de salud del SNS llevan ya unos cuantos años interesados en descubrir la clave para optimizar las cifras a través de ahorros en economías de escala, ERPs, centrales de compras, revisión de todos los decretos de delegación de competencias de todos los cargos públicos, etc. 

El conjunto de todas estas operaciones, junto con una correcta gestión de los stocks, pueden ser determinantes a la hora de arañar unas décimas a esa desviación presupuestaria que mes a mes nos va quitando el sueño cuando repasamos el cuadro de mandos.

Pero no solo de presupuestos vive el hombre. Todos los distintos actores que intervenimos en este proceso en el sector sanitario estaremos de acuerdo que el objetivo desde luego no debe ser comprar lo más barato posible, sino optimizar el conjunto de precio, calidad y servicio. 

Debemos ser de lo más eficientes con el dinero que el ciudadano deja bajo nuestra responsabilidad, debemos ser responsables con el impacto económico que generan en la sociedad nuestras decisiones y debemos actuar como ejemplo ante aquellas prácticas que supongan una adecuada promoción del desarrollo sostenible y del bienestar social.

Y a esto último es donde quería llegar yo con mi entrada semanal en el Blog.  Los poderes públicos son los primeros que deberían adoptar criterios éticos, de protección social, laboral o medioambiental en la contratación pública. Pero todavía nos queda mucho camino por recorrer para poder afirmar que en términos de comercio justo somos los que tiramos del carro.

Han pasado un poco más de  veinte años desde que se acuñó el término desarrollo sostenible en la Cumbre para la Tierra que tuvo lugar en Rio de Janeiro en 1.992, pero tuvieron que pasar 10 años para que, en la Cumbre Mundial sobre desarrollo sostenible de Johannesburgo de 2.002, se indicara expresamente a las Administraciones Públicas la necesidad de que "tengan en cuenta consideraciones relacionadas con el desarrollo sostenible en su toma de decisiones incluso sobre la planificación del desarrollo nacional y local, las inversiones en infraestructuras, el desarrollo empresarial y la contratación pública".

En nuestro país, con la entrada en vigor de la Ley 30/2.007, de 30 de octubre de Contratos del Sector Público se introdujo un nuevo paradigma en la contratación pública al indicar la propia ley  que entre "las principales novedades afectan a la previsión de  mecanismos que permiten introducir en la contratación pública consideraciones de tipo social y medioambiental, configurándolas como condiciones especiales de ejecución del contrato o como criterios para valorar las ofertas".

A pesar de que la Ley de Contratos lleva ya casi ocho años entre nosotros, no es muy habitual ver políticas y prácticas innovadoras sobre comercio justo en las compras del sector sanitario. No hay duda que las restricciones financieras y presupuestarias que el sector viene arrastrando desde el 2.008 no ayudan a que se fomente este tipo de visión entre los diversos actores del proceso de compra. Tampoco lo ponen fácil las características técnicas de los artículos que forman las primeras dos letras de la clasificación ABC de nuestros catálogos de productos, que no permiten muchas florituras debido a la limitación de la oferta en los distintos proveedores.

Pero lo cierto es que, lamentablemente,  el concepto de comercio justo y compras sostenibles, en términos generales,  todavía no está interiorizado en nuestro ADN de gestores sanitarios públicos.

Por ello me ha parecido muy interesante esta Guía de Contratación Pública Sostenible, del Foro de Consumo de Navarra en colaboración con el Servicio Navarro de Consumo  y la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS). En la misma podréis encontrar un buen número de criterios sociales y consejos para incluir en la contratación pública, así como una relación de buenas prácticas de diversas Instituciones (entre las que me he alegrado de encontrar al Hospital Virgen de las Nieves de Granada).



miércoles, 18 de marzo de 2015

Perdón, ¿Dónde enchufo la RNM?

Hoy he leído en El País una noticia que me ha dado que pensar (Ver noticia aquí). Damos por hecho que la innovación supone destinar un montón de millones de euros en I+D+i así como disponer de la última tecnología, absolutamente imprescindible para el desarrollo de nuestros procesos productivos.

Cada vez tenemos más interiorizado que, sin esos presupuestos elevadísimos y sin contar permanentemente con lo último de lo último, es imposible que podamos realizar nuestra actividad con un mínimo de calidad. 

Y claro, darme cuenta del impacto que puede tener sobre la salud de una población un viejo Nokia 1100  enviando SMS me deja descolocado. Está claro que cada día mi iPhone va ganando creatividad al mismo ritmo que yo la pierdo.

Hemos interiorizado tanto esa dependencia que no somos conscientes, como díce Amy B. Smith, inventora y profesora del Massachusetts Institute of Technology (MIT) , de que "casi el 90% del dinero que se dedica a investigación y desarrollo se gasta en la creación de tecnologías al servicio del 10% de la población más rica del mundo".

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se planteó en 2.001 como aprovechar la innovación tecnológica para la erradicación de la pobreza. En su informe ya se hacía hincapié  de que frecuentemente en el primer mundo se acentúan los riesgos hipotéticos para desechar desarrollos de tecnología,  mientras que se nos olvida la parte positiva que podría generar la misma en los países menos desarrollados.

Unos datos que me ponen los pelos de punta:

  • En 1.998 el gasto global (público y privado) en I+D+i sanitaria fue de 70.500 millones de dólares, pero menos del 10% se dedicó al 90% de carga de enfermedades (que obviamente se concentran en el Tercer Mundo).
  • El gasto de salud en Africa es menos de 10 $ per cápita.
  • Entre 1.975 y 1.999 menos del 1% de los fármacos legalmente registrados fueron para enfermedades tropicales.

Pero no voy a mostrarme pesimista. El abaratamiento de la tecnología también permite poder ofrecer soluciones cada vez más económicas para paliar este problema. Un ejemplo es el microscopio de papel desarrollado por los investigadores de la Universidad de Stanford (con un coste de fabricación de apenas 0,70 euros y capacidad de 2.000 aumentos). 

Me tranquiliza saber que las soluciones dependen más de mentes creativas y solidarias que de cantidades ingentes de dólares. Mentes que se preocupen por buscar avances sencillos y economicamente asumibles. Mentes que no se sorprendan de que no sea fácil enchufar una RNM de 3 teslas en los paises del Tercer Mundo.